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Las mujeres y el ambiente

El cambio climático y los problemas subsecuentes realzan y confirman la injusticia existente entre el Norte y el Sur, los ricos y los pobres, las mujeres y los hombres. Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad que les corresponde por la crisis y no dejar que los países en desarrollo paguen la cuenta de cobro por el cambio climático.

Este cambio tiene impacto en la vida de billones de personas, animales y especies vegetales. Se estima que entre 500 y 600 millones de personas, aproximadamente el 10% de la población mundial, viven en condiciones de “alto riesgo” de acuerdo con la Fundación para la Justicia Ambiental. En 2009 se estimó que 20 millones de personas son “refugiados del clima”. Hay un amplio consenso sobre la necesidad de llevar a cabo una reducción dramática de la emisión de gases para evitar un mayor calentamiento global. Sin embargo, lograr acuerdos vinculantes entre los países ricos y pobres es un desafío mayor. En las negociaciones que tienen que ver con el clima, los países en desarrollo sienten que los países desarrollados deben hacer mayores concesiones porque su desarrollo económico ha sucedido a expensas del ambiente y ahora los países pobres están pagando el precio.

Otros argumentan que una política climática sostenible depende de que las naciones ricas cambien su modo básico de producción y sus patrones de consumo. Plantean que la negociación de emisiones, la inversión en tecnologías amigables con el ambiente y los proyectos ambientales subsidiados en el Sur no son suficientes. Es un conflicto de intereses entre la demanda de crecimiento económico y mayor consumo, y las necesidades planteadas por el cambio climático que exigen una transición hacia una sociedad con baja emisión de gases que proteja los derechos de la gente, su trabajo y su prosperidad.

Las ambientalistas feministas sienten que los recursos naturales deben seguir siendo un bien común y no deben privatizarse. Así mismo, la soberanía de las comunidades locales sobre la tierra, la energía y el agua debe mantenerse y recuperarse. Para la realización de los derechos de las mujeres, la equidad de género y el desarrollo sostenible deben reformarse las relaciones de poder, la política y la economía. Hay un amplio consenso entre los investigadores del clima y de género de acuerdo con el cual hay una estrecha relación entre el cambio climático y los desafíos de género y que, por ello, se necesita un cambio radical. Todo el sistema debe ser re-evaluado y debe promocionarse una mayor conciencia pública sobre el clima que contribuya a un cambio de estilo de vida y a una ideología política distinta, en lugar de mantener la división actual entre recursos y la mano de obra. Por lo demás, los refugiados del clima deben recibir la misma protección legal internacional que reciben otros refugiados. La clave para lograr estos cambios fundamentales tiene que ver con la fusión de las agendas de derechos de las mujeres, justicia de género y desarrollo sostenible.

Tanto los intereses de los hombres como los de las mujeres deben protegerse cuando se planean e implementan medidas para mitigar el cambio climático y la degradación ambiental. Es esencial analizar que los hombres y las mujeres tienen roles diferentes en áreas como el manejo de recursos y sus implicaciones en la adaptación climática. También es necesario revisar el cambio climático en relación con otros procesos y estructuras de poder de la sociedad. La distribución inequitativa de poder entre la élite y las personas del común puede causar impactos en áreas particularmente afectadas por el cambio climático y el deterioro de la naturaleza. En otras palabras, el cambio climático afecta más a aquellos que de por sí tienen menos oportunidades y derechos. Las personas pobres no tienen las mismas oportunidades de sobrevivir en tiempos de crisis debido a su acceso limitado a bienes e ingresos. La perspectiva de los pobres en general y de las mujeres en particular se hace invisible y no se considera de manera adecuada.

Históricamente las mujeres en los países en desarrollo tienen un acceso limitado a los recursos y los derechos. Tradicionalmente las mujeres están sub-representadas en los niveles altos de toma de decisiones en lo que tiene que ver con el manejo ambiental. Esto las hace desproporcionadamente vulnerables a los efectos del cambio climático y a los asuntos relacionados con el ambiente. El cambio climático y los recurrentes desastres naturales no sólo afectan las relaciones de clase sino las de género. Es por esto que varias organizaciones de mujeres están trabajando por la inclusión de las mujeres, por su participación activa en las negociaciones que tienen que ver con el cambio climático y porque tengan representación en las instituciones que llevan a cabo investigación o formulan políticas.