Todavía hay un largo camino por recorrer antes de que las mujeres del mundo logren ocupar el lugar que se merecen como negociadoras y creadoras de paz. Sin embargo, Leymah Gbowee de Liberia y Tawakkol Karman de Yemen le han demostrado al mundo la importancia de la participación activa de las mujeres sin más armas que su propia fuerza. En Liberia, las mujeres se mantuvieron unidas en medio de la guerra civil, superando las fronteras religiosas, y lograron los acuerdos de paz. Con el apoyo de la lucha de las mujeres liberianas de base, Ellen Johson Sirleaf se convirtió en la primera mujer presidenta electa en África.
Resolución 1325 – La decisión del Premio Nobel de la Paz de este año
Cuando Thorbjørn Jagland, presidente del Comité del Premio Nobel de la Paz, presentó a las tres galardonadas, afirmó: “No podemos alcanzar la democracia y la paz duradera en el mundo a menos que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres para influir en el desarrollo en todos los niveles de la sociedad. La Resolución 1325 hizo de la violencia contra las mujeres en situaciones de guerra y conflicto, por primera vez, un asunto de seguridad internacional.” De conformidad con la Resolución, la falta de participación de las mujeres en los procesos de paz puede ser entendida como una amenaza a la paz y la seguridad internacional.
Las resoluciones del Consejo de Seguridad son vinculantes para todos los estados miembros de la ONU. De acuerdo con la Resolución 1325, los estados están obligados a aumentar la representación de las mujeres en todas las iniciativas de resolución de conflictos y negociaciones de paz. Asimismo, debe aumentar el número de mujeres que participan en las fuerzas de mantenimiento de la paz, y se deben incorporar las perspectivas de las mujeres en los programas de reconstrucción postconflicto. Finalmente, la Resolución reconoce la importancia de las iniciativas de paz de las mujeres.
La verdadera prueba de cómo se puede utilizar la Resolución se está llevando a cabo en los países donde las mujeres viven en condiciones caracterizadas por la guerra y el conflicto. Las políticas sobre paz y seguridad siguen estando dominadas por los hombres, de la misma manera que las guerras se libran principalmente entre los hombres. Mientras se libran las guerras, las mujeres deben asumir mayores responsabilidades para mantener a la sociedad a flote: deben proveer agua y alimentos para los niños y niñas, mientras las escuelas son destruidas, la economía diezmada, y los pueblos exterminados. Las mujeres son violadas sistemáticamente como parte de una estrategia de guerra deliberada. Para estas mujeres no hace ninguna diferencia que existan resoluciones y planes de acción que garanticen su seguridad sobre el papel. Las palabras sobre papel tienen poca importancia cuando menos de tres porciento de los signatarios de acuerdos de paz desde 1992 han sido mujeres, y cuando los acuerdos de paz están escritos en los términos de los hombres. Los acuerdos de paz que se centran exclusivamente en el cese de fuego y la delimitación de fronteras, sin resolver temas subyacentes al conflicto, como el agua potable, las escuelas, los servicios de salud, la rehabilitación de víctimas de violencia sexual, y los procesos judiciales justos y legítimos para los autores, no son acuerdos que tomen en serio a las mujeres.
La violencia sexual como arma de guerra
En el 2001, la ONU contrató a dos expertas – Elisabeth Rehn, ex Ministra de Defensa de Finlandia, y Ellen Johnson Sirleaf de Liberia – quienes viajaron a zonas de guerra y conflicto en 14 países. Ellas recibieron de primera mano la descripción de cómo la violación, la humillación y la prostitución eran usadas como estrategias deliberadas de guerra, algunas incluso relacionadas a las operaciones de mantenimiento de la paz. El informe “Mujeres, Guerra, Paz” atrajo la atención del mundo al sufrimiento y las violaciones que generaba lo que algunos cínicos convenientemente llamaron “los chicos siempre serán chicos”. La Resolución 1325 y varias resoluciones posteriores relacionadas han reconocido que la violencia sexual como arma de guerra es un crimen de guerra y una amenaza a la paz y la seguridad. En la década de 1990 en Bosnia, mujeres valientes del sistema de Naciones Unidas denunciaron casos de agresiones sexuales y prostitución, donde los responsables eran miembros del propio personal de mantenimiento de la paz de la ONU.
El caso ha sido resaltado recientemente por la película “The Whistleblower” (La verdad oculta), que ha captado la atención tanto dentro como fuera de la ONU.
En el 2001, Noruega se convirtió en miembro del Consejo de Seguridad. El Centro para la Equidad de Género (en la actualidad, Defensoría de la Equidad y la No discriminación) aprovechó la ocasión y propuso, entre otras cosas, el financiamiento de Noruega para aumentar la representación de las mujeres en los procesos de paz, incluyendo el establecimiento de cuotas en caso necesario, la colaboración con organizaciones no gubernamentales, y la institución de un reglamento contra la compra de servicios sexuales por las fuerzas de la ONU. Además, el Centro propuso que el financiamiento de Noruega para la consolidación de la paz reflejara el hecho de que las mujeres y los hombres pueden tener perspectivas diferentes. Estas necesidades siguen siendo relevantes.
El Foro Noruega 1325 tiene la esperanza de que el Premio Nobel de la Paz de este año inspire a las autoridades noruegas y a la comunidad internacional para apoyar las iniciativas de paz propias de las mujeres de una manera más comprometida y sistemática. Las autoridades noruegas tienen la responsabilidad de ayudar a la ONU a hacer una limpieza interna en relación a las agresiones sexuales cometidas por las fuerzas de mantenimiento de la paz, y para garantizar la protección jurídica de las mujeres durante y después de la guerra.
El Foro 1325 de Noruega es una red de 20 organizaciones noruegas de la sociedad civil que trabajan por una implementación firme y comprometida de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad.